
Vuelvo a escribir, tras un fin de semana largo –producto de esa farsa llamada ALC-UE- en el cual estuve mal de salud, para ser específico mal de la garganta. Esos días tenía pensado escribir para este espacio, pero como he dicho, no puede por motivos ya conocidos.
Aún sin importarme la enfermedad, aproveché una leve mejoría que tuve el día viernes 16 para darme una escapada e ir a hacer el deporte que amo: basket. Sobro el partido de ese día no tengo palabra que describa de mejor manera lo que fue: FANTÁSTICO, ya que nos reunimos los amigos del colegio y, aunque faltaron varios, pudimos pasar un momento de camaradería en “Miguelón” saboreando un fabuloso “como anoche” jajaja
Pero mi experiencia gastronómica en el tan conocido local de ventas de sánguches no es lo que motiva mi narración; por el contrario, la esencia de mi relato se encuentra en algo que encontré el domingo en la noche y fue motivo de mi atención:
Estaba buscando mi cuaderno de filosofía de 4to de secundaria para explicarle a Peter (mi hermanito) sobre la teodicea, aquella que fue explicada de manera muy fácil y con esquemas muy amigables a la vista por el profesor Falconí en el colegio. En este proceso de búsqueda, encontré un trabajo de religión que guardé, si mal no recuerdo, para que “cuando sea viejo no me olvide que formé mi moral desde muy pequeño”, Bueno, al menos esa fue la intención que tuve al guardar ese trabajo, que consistí de tan sólo una copia que planteaba el problema y tres hojas, en formato de letra “Comic Sans MS” con tamaño 12, que contenían el desarrollo del mismo.
Pues bien, este trabajo trataba sobre “el relativismo moral”, tan común hoy en día-lo afirmo con toda la desilusión del mundo- en el que nos vemos inmersos todos. Es un tema que llamó mi atención, y originó un análisis muy profundo, pero por segunda vez declaro: ese tema no es lo que motiva mi narración.
Regresando a la hoja que planteaba el trabajo de religión, que tan precisamente nos dejó el profesor César, pude leer nuevamente la historia del padre Maximiliano Kolbe, sacerdote que murió en un campo de concentración en la segunda guerra mundial, sometiéndose a un castigo en lugar de un hombre que tenía esposa e hijos.
La historia narra además cómo luego de muchos años, justo el día en que estaban elevando a los altares al “San Maximiliano Kolbe”, en una ceremonia presenciada por el papa, apareció de entre la multitud un viejito, quien dijo acaloradamente “¡…gracias San Maximiliano Kolbe por sacrificar tu vida por la mía!” Pues queda claro que ese hombre que salvó el padre Kolbe a cambio de su vida, aprovechó su al máximo y jamás, pero jamás se olvidó del nombre de la persona que se entregó a cambio de él.
Ahora bien, esta historia me ha permitido pensar en algo muy importante: ¿Somos nosotros capaces de hacer sacrificios por nuestro prójimo? O quizá algo mucho más importante ¿Nos acordamos de la persona que da su vida por nosotros? La respuesta a esta pregunta cada uno la puede conocer, cada uno sabe su verdad, pero si la respuesta es sí a las dos preguntas, aquí una réplica a sus respuestas: ¿En este feriado largo has hecho algo por tu prójimo? O algo más importante, ¿En este feriado largo, has agradecido a la persona que se sacrificó por ti hace casi 2000 años? La verdad yo no, por eso escribo esto para que la próxima vez, al igual que yo, pienses en lo que vas a hacer, en el descanso que te mereces y en lo que le puedes ofrecer a nuestro salvador.
La historia narra además cómo luego de muchos años, justo el día en que estaban elevando a los altares al “San Maximiliano Kolbe”, en una ceremonia presenciada por el papa, apareció de entre la multitud un viejito, quien dijo acaloradamente “¡…gracias San Maximiliano Kolbe por sacrificar tu vida por la mía!” Pues queda claro que ese hombre que salvó el padre Kolbe a cambio de su vida, aprovechó su al máximo y jamás, pero jamás se olvidó del nombre de la persona que se entregó a cambio de él.
Ahora bien, esta historia me ha permitido pensar en algo muy importante: ¿Somos nosotros capaces de hacer sacrificios por nuestro prójimo? O quizá algo mucho más importante ¿Nos acordamos de la persona que da su vida por nosotros? La respuesta a esta pregunta cada uno la puede conocer, cada uno sabe su verdad, pero si la respuesta es sí a las dos preguntas, aquí una réplica a sus respuestas: ¿En este feriado largo has hecho algo por tu prójimo? O algo más importante, ¿En este feriado largo, has agradecido a la persona que se sacrificó por ti hace casi 2000 años? La verdad yo no, por eso escribo esto para que la próxima vez, al igual que yo, pienses en lo que vas a hacer, en el descanso que te mereces y en lo que le puedes ofrecer a nuestro salvador.
No pretendo venderte ninguna biblia ni pedirte que participes en alguna iglesia, ya que no importan religiones ni credos, tan sólo importa cuán agradecido eres con nuestro salvador, ah pero por tercera vez declaro: ese tema no es lo que motiva mi narración.
El tema que motiva mi narración es agradecer por el milagro de vivir un día más.
XD
XD

1 comentarios:
MLP:Muy interesante tu posteo, y es verdad en este feriado, muchas personas realizarón muchas actividades, pero no hubo un momento para agradecer a nuestro amado señor,sin embargo algunas personas si se tomaron ese tiempo para agradecerle por todo, como haberte conocido :):):)
Sigue adelante :)
Muchos éxitos
TAM
Publicar un comentario en la entrada