
“¿Una mentira que te hace feliz vale más que una verdad que te amargue la vida?”Letra de una canción que leí en el comentario que dejó “mi viejito”, que es como le digo de cariño q mi queridísimo y valorado amigo Gustavo. Esta frase rondó mi pensamiento, pues viene de un amigo mío del cual valoro mucho sus comentarios y apreciaciones, pues veo que poseen un elevado grado de madurez y reflexión (Bueno tampoco tanto Gustavo así que no te la creas) jajaja Bueno, esa frase volvió ayer a mi mente cuando estábamos en clase de Planeamiento y Control de la Producción y llegó un compañero (Daniel) y nos avisó que Perú estaba perdiendo 1-0, cosa que nos puso tristes. Luego llegó otro compañero (Edward) quien dijo que él había escuchado que el partido seguía 0-0. En nuestras mentes y corazones deseábamos que Edward tuviese razón, aunque sabíamos que Daniel decía la verdad, algunos de nosotros queríamos vivir esa mentira (del supuesto empate)… tal y como Gustavo lo dijo: “Queríamos esa mentira que nos hacía feliz por el momento, a la triste verdad que nos amargaría” (y qué verdad…6 a 0…eso si fue humillante) jajaja
Bromas aparte, esa frase hizo recordar a las clases de religión del profesor César Del Carpio que nos dio en quinto de secundaria, aquellas clases que en su momento sentí que me serían tan útiles en la vida, pero en verdad no comprendí la verdadera dimensión de su significado, el que hasta hoy a mis 19 años de edad, estoy empezando a entender a cabalidad.
Esta clase consistía en el relativismo moral, tema que a mi parecer debería ser enseñado de manera obligatoria en todas las carreras universitarias, pues la ética es uno de los temas que requiere nuestra sociedad de manera muy urgente; gracias a Dios al profesor César se le ocurrió enseñarnos sobre la ética y sus derivadas, que aunque no estaba en la programación del curso, a él le parecía que debía ser incluido por obvias razones. En este curso nos pusieron algunos casos en los cuales nosotros, tras leerlos y entenderlos, debíamos analizarlos y posteriormente proceder a presentar qué hubiésemos hecho nosotros en esa situación. Como pueden entender eran situaciones que de verdad hacían difícil escoger hacer lo correcto moralmente (además éramos jóvenes de 16 y 17 años, así que pueden imaginarse la dificultad que representaba tomar una decisión acertada) y por el contrario hacer lo incorrecto moralmente era lo más adecuado (subrayo: según nuestro juicio del momento).
La finalidad de los ejercicios era entender que tomar la decisión correcta (moralmente hablando) lleva a las personas muchas veces a afrontar consecuencias negativas, ya que el común de la gente espera que tome la decisión más cómoda o la más conveniente sin necesidad que esta coincida con la moralmente acertada. Estas mismas consecuencias son aquellas que intentábamos evitar en los citados problemas pues consistían en diversas sanciones: desde perder un trabajo por no maquillar unas cifras en la declaración de impuestos, hasta tener un hijo no programado por decidir no abortar.
El mensaje que obtuve de esos “ejercicios morales” fue que la conciencia es esa que nunca se callará y que siempre te hará recordar tus decisiones, por lo tanto debemos escoger la adecuada éticamente hablando si deseamos dormir en paz. Al menos ese fue el mensaje que capté en ese entonces, cuando apenas acababa de cumplir mis 16 años.
Hoy en día, luego de casi 4 años, puedo decir que esa clase ha sido meditada y entendida en un nuevo nivel: no sólo debemos hacer lo correcto por un tema de tranquilidad espiritual y de la conciencia, sino que debemos de pensar en trascender, en dejar huella, en dar el ejemplo y que hacer lo correcto es la mejor elección, sea cual fuese la consecuencia de nuestra elección, debemos buscar siempre hacer lo mejor para ser mejores.
Ahora bien, si hacer lo correcto es la mejor elección, muchas veces es más que difícil poner en práctica este dogma y se hace más “apropiado” escoger la otra alternativa, la indebida moralmente hablando. Pues bien, ese es el gran dilema, el “ser o no ser” moral. Luego de entender esto puedo llegar al tema que planteaba la frase de Gustavo que empezó mi relato: “Una mentira que te hace feliz vale más que una verdad que te amargue la vida”, pero esa mentira te hará feliz mientras seas ignorante de la verdad, pero cuando la sepas…pobre del que no esté preparado!!!
Amigas y amigos míos, esa es la lucha eterna, la lucha entre lo correcto e incorrecto, entre lo difícil y lo fácil, entre el bien y el mal… Decirles qué hacer sería acotar su libre albedrío, cosa que ni el mismo Dios con toda su grandeza se atreve a hacer por el hecho de amarnos y respetarnos. Entonces muchos de ustedes se preguntarán a dónde intento llegar con este posteo, qué persigo a través de estas líneas; si esa es su pregunta, la responderé directamente: Mediante este posteo intento llegar a ese lado nuestro en el que reside la verdad absoluta, ese lado que nos indica que debemos hacer lo correcto, llamado conciencia, alma, juicio o como deseen, pero en esencia es el lugar en donde siempre escucharemos la voz de Dios diciéndonos: “La verdad te hará libre”.
Una reflexión un tanto difícil de aplicar…pero cada día hagamos nuestro esfuerzo!!!
XD
Bromas aparte, esa frase hizo recordar a las clases de religión del profesor César Del Carpio que nos dio en quinto de secundaria, aquellas clases que en su momento sentí que me serían tan útiles en la vida, pero en verdad no comprendí la verdadera dimensión de su significado, el que hasta hoy a mis 19 años de edad, estoy empezando a entender a cabalidad.
Esta clase consistía en el relativismo moral, tema que a mi parecer debería ser enseñado de manera obligatoria en todas las carreras universitarias, pues la ética es uno de los temas que requiere nuestra sociedad de manera muy urgente; gracias a Dios al profesor César se le ocurrió enseñarnos sobre la ética y sus derivadas, que aunque no estaba en la programación del curso, a él le parecía que debía ser incluido por obvias razones. En este curso nos pusieron algunos casos en los cuales nosotros, tras leerlos y entenderlos, debíamos analizarlos y posteriormente proceder a presentar qué hubiésemos hecho nosotros en esa situación. Como pueden entender eran situaciones que de verdad hacían difícil escoger hacer lo correcto moralmente (además éramos jóvenes de 16 y 17 años, así que pueden imaginarse la dificultad que representaba tomar una decisión acertada) y por el contrario hacer lo incorrecto moralmente era lo más adecuado (subrayo: según nuestro juicio del momento).
La finalidad de los ejercicios era entender que tomar la decisión correcta (moralmente hablando) lleva a las personas muchas veces a afrontar consecuencias negativas, ya que el común de la gente espera que tome la decisión más cómoda o la más conveniente sin necesidad que esta coincida con la moralmente acertada. Estas mismas consecuencias son aquellas que intentábamos evitar en los citados problemas pues consistían en diversas sanciones: desde perder un trabajo por no maquillar unas cifras en la declaración de impuestos, hasta tener un hijo no programado por decidir no abortar.
El mensaje que obtuve de esos “ejercicios morales” fue que la conciencia es esa que nunca se callará y que siempre te hará recordar tus decisiones, por lo tanto debemos escoger la adecuada éticamente hablando si deseamos dormir en paz. Al menos ese fue el mensaje que capté en ese entonces, cuando apenas acababa de cumplir mis 16 años.
Hoy en día, luego de casi 4 años, puedo decir que esa clase ha sido meditada y entendida en un nuevo nivel: no sólo debemos hacer lo correcto por un tema de tranquilidad espiritual y de la conciencia, sino que debemos de pensar en trascender, en dejar huella, en dar el ejemplo y que hacer lo correcto es la mejor elección, sea cual fuese la consecuencia de nuestra elección, debemos buscar siempre hacer lo mejor para ser mejores.
Ahora bien, si hacer lo correcto es la mejor elección, muchas veces es más que difícil poner en práctica este dogma y se hace más “apropiado” escoger la otra alternativa, la indebida moralmente hablando. Pues bien, ese es el gran dilema, el “ser o no ser” moral. Luego de entender esto puedo llegar al tema que planteaba la frase de Gustavo que empezó mi relato: “Una mentira que te hace feliz vale más que una verdad que te amargue la vida”, pero esa mentira te hará feliz mientras seas ignorante de la verdad, pero cuando la sepas…pobre del que no esté preparado!!!
Amigas y amigos míos, esa es la lucha eterna, la lucha entre lo correcto e incorrecto, entre lo difícil y lo fácil, entre el bien y el mal… Decirles qué hacer sería acotar su libre albedrío, cosa que ni el mismo Dios con toda su grandeza se atreve a hacer por el hecho de amarnos y respetarnos. Entonces muchos de ustedes se preguntarán a dónde intento llegar con este posteo, qué persigo a través de estas líneas; si esa es su pregunta, la responderé directamente: Mediante este posteo intento llegar a ese lado nuestro en el que reside la verdad absoluta, ese lado que nos indica que debemos hacer lo correcto, llamado conciencia, alma, juicio o como deseen, pero en esencia es el lugar en donde siempre escucharemos la voz de Dios diciéndonos: “La verdad te hará libre”.
Una reflexión un tanto difícil de aplicar…pero cada día hagamos nuestro esfuerzo!!!
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