miércoles 18 de junio de 2008

“La verdad te hará libre”


“¿Una mentira que te hace feliz vale más que una verdad que te amargue la vida?”Letra de una canción que leí en el comentario que dejó “mi viejito”, que es como le digo de cariño q mi queridísimo y valorado amigo Gustavo. Esta frase rondó mi pensamiento, pues viene de un amigo mío del cual valoro mucho sus comentarios y apreciaciones, pues veo que poseen un elevado grado de madurez y reflexión (Bueno tampoco tanto Gustavo así que no te la creas) jajaja Bueno, esa frase volvió ayer a mi mente cuando estábamos en clase de Planeamiento y Control de la Producción y llegó un compañero (Daniel) y nos avisó que Perú estaba perdiendo 1-0, cosa que nos puso tristes. Luego llegó otro compañero (Edward) quien dijo que él había escuchado que el partido seguía 0-0. En nuestras mentes y corazones deseábamos que Edward tuviese razón, aunque sabíamos que Daniel decía la verdad, algunos de nosotros queríamos vivir esa mentira (del supuesto empate)… tal y como Gustavo lo dijo: “Queríamos esa mentira que nos hacía feliz por el momento, a la triste verdad que nos amargaría” (y qué verdad…6 a 0…eso si fue humillante) jajaja

Bromas aparte, esa frase hizo recordar a las clases de religión del profesor César Del Carpio que nos dio en quinto de secundaria, aquellas clases que en su momento sentí que me serían tan útiles en la vida, pero en verdad no comprendí la verdadera dimensión de su significado, el que hasta hoy a mis 19 años de edad, estoy empezando a entender a cabalidad.

Esta clase consistía en el relativismo moral, tema que a mi parecer debería ser enseñado de manera obligatoria en todas las carreras universitarias, pues la ética es uno de los temas que requiere nuestra sociedad de manera muy urgente; gracias a Dios al profesor César se le ocurrió enseñarnos sobre la ética y sus derivadas, que aunque no estaba en la programación del curso, a él le parecía que debía ser incluido por obvias razones. En este curso nos pusieron algunos casos en los cuales nosotros, tras leerlos y entenderlos, debíamos analizarlos y posteriormente proceder a presentar qué hubiésemos hecho nosotros en esa situación. Como pueden entender eran situaciones que de verdad hacían difícil escoger hacer lo correcto moralmente (además éramos jóvenes de 16 y 17 años, así que pueden imaginarse la dificultad que representaba tomar una decisión acertada) y por el contrario hacer lo incorrecto moralmente era lo más adecuado (subrayo: según nuestro juicio del momento).

La finalidad de los ejercicios era entender que tomar la decisión correcta (moralmente hablando) lleva a las personas muchas veces a afrontar consecuencias negativas, ya que el común de la gente espera que tome la decisión más cómoda o la más conveniente sin necesidad que esta coincida con la moralmente acertada. Estas mismas consecuencias son aquellas que intentábamos evitar en los citados problemas pues consistían en diversas sanciones: desde perder un trabajo por no maquillar unas cifras en la declaración de impuestos, hasta tener un hijo no programado por decidir no abortar.

El mensaje que obtuve de esos “ejercicios morales” fue que la conciencia es esa que nunca se callará y que siempre te hará recordar tus decisiones, por lo tanto debemos escoger la adecuada éticamente hablando si deseamos dormir en paz. Al menos ese fue el mensaje que capté en ese entonces, cuando apenas acababa de cumplir mis 16 años.

Hoy en día, luego de casi 4 años, puedo decir que esa clase ha sido meditada y entendida en un nuevo nivel: no sólo debemos hacer lo correcto por un tema de tranquilidad espiritual y de la conciencia, sino que debemos de pensar en trascender, en dejar huella, en dar el ejemplo y que hacer lo correcto es la mejor elección, sea cual fuese la consecuencia de nuestra elección, debemos buscar siempre hacer lo mejor para ser mejores.

Ahora bien, si hacer lo correcto es la mejor elección, muchas veces es más que difícil poner en práctica este dogma y se hace más “apropiado” escoger la otra alternativa, la indebida moralmente hablando. Pues bien, ese es el gran dilema, el “ser o no ser” moral. Luego de entender esto puedo llegar al tema que planteaba la frase de Gustavo que empezó mi relato: “Una mentira que te hace feliz vale más que una verdad que te amargue la vida”, pero esa mentira te hará feliz mientras seas ignorante de la verdad, pero cuando la sepas…pobre del que no esté preparado!!!

Amigas y amigos míos, esa es la lucha eterna, la lucha entre lo correcto e incorrecto, entre lo difícil y lo fácil, entre el bien y el mal… Decirles qué hacer sería acotar su libre albedrío, cosa que ni el mismo Dios con toda su grandeza se atreve a hacer por el hecho de amarnos y respetarnos. Entonces muchos de ustedes se preguntarán a dónde intento llegar con este posteo, qué persigo a través de estas líneas; si esa es su pregunta, la responderé directamente: Mediante este posteo intento llegar a ese lado nuestro en el que reside la verdad absoluta, ese lado que nos indica que debemos hacer lo correcto, llamado conciencia, alma, juicio o como deseen, pero en esencia es el lugar en donde siempre escucharemos la voz de Dios diciéndonos: “La verdad te hará libre”.
Una reflexión un tanto difícil de aplicar…pero cada día hagamos nuestro esfuerzo!!!

XD

lunes 9 de junio de 2008

¿..."¡NIÉGATE AUNQUE TE ENCUENTREN PECANDO!"...?


La filosofía del peruano- si es que se puede llamar filosofía a esa forma de pensar- es la de hacer tontos a los demás, hacerlos “cholitos”, tomarles el pelo y aprovecharse del resto, engañarlos, timarlos sin que éstos se den cuenta y así poder salir de una situación determinada de manera “victoriosa”… esa el la del vivo; quien no vive de esa manera es un tonto, un “lorna” que nunca arribará a sus metas ni conseguirá un nivel de vida óptimo.

Pare ser éste el común pensamiento de muchos peruanos, que creen –equivocadamente- que lo que de veras vale la pena debe ser muy fácil de conseguir: sin sacrificio, engañando a los demás, proyectando una imagen que no es en realidad. Esta desfachatez y sinvergüencería la podemos ver reflejada en el rostro de una persona: Carlos Manrique, el popular “tío Cheverengue” –tal y como fue bautizado por los programas cómicos- quien la semana pasada estuvo en primeras planas y no por ser un inventor de algún novedoso aparato, ni por estar con alguna estrellita de éstas que abundan en nuestra autoproclamada “farándula”, sino por ser el estafador más conocido del país, que ha estado en la cárcel por varios años y luego de salir en libertad, regresó a las andadas y ha vuelto a estafar.

Sí! Yo también me quedé perplejo al escuchar esta noticia ya que: un estafador conocido, salió de la cárcel y ha vuelto a estafar a varias personas con un cuento muy semejante al que usó la última vez. Es así que ya hace un tiempo unos periodistas al enterarse que Carlos Manrique estaba nuevamente en sus “negocios” le hicieron una entrevista y este tipo, al ser interrogado responde enérgicamente negando su delito y argumentando que de verdad genera esos niveles de ganancias.

La manera tan descarada de responder de esta persona me trajo a la mente lo que escuché una vez decir como “mejor consejo de un padre a un hijo”, que cito textualmente:

“Hijo… si algún día estas haciendo algo malo y te encuentren con las manos en la masa… niégate, NIÉGATE hasta el final…”

Esta frase rondó mi cabeza muchas veces pues el señor del que venía era una persona muy instruida, de elevado nivel de estudios, pero que lamentablemente tenía un nivel muy endeble de moralidad y ética. Debo reconocer que no fue alguien de mi familia -gracias a Dios- pero por lo poco que estoy conociendo en esta vida, lamentablemente tengo que decir que hay muchas personas de éstas que desvergonzados y que para colmo, comparten su “sabiduría” y aconsejan a los demás que actúen de esa manera tan equivocada.

Ahora bien, esta manera de pensar es común a muchos de los peruanos, que queremos e intentamos ser “más vivos” que el otro, copiándonos en algún examen, presentando trabajos que no son nuestros, faltando a clases y tratando de conseguir todas las cosas de la manera más fácil y con el menor sacrificio posible.

Gracias a Dios hay personas que no practican esta filosofía de “¡NIÉGATE AUNQUE TE ENCUENTREN PECANDO!”, pues por ellos este mundo es un lugar en donde todavía podemos coexistir teniendo la esperanza de que se puede confiar en los demás, que no te intentarán robar cuando no estés mirando.

Este me lleva a plantear la siguiente pregunta: ¿Si te encuentran pecando, te negarías ante lo obvio? La respuesta es de cada uno, pero recuerden que no podemos engañar a la conciencia y mucho menos a Dios.

XD